LA CRISIS EN UCRANIA
Por Francisco Correa Villalobos
Embajador de México en retiro

La crisis de Ucrania demuestra que la Guerra Fría no terminó con la disolución de la Unión Soviética. Que Rusia siguiera siendo la segunda potencia militar del mundo y la única capaz de obliterar en segundos a Estados Unidos mantuvo a Rusia en la mira de los movimientos militares de mayor envergadura de la Casa Blanca en Europa y Asia Central.

Con la independencia de los países de Asia Central, el Báltico y la caída de los gobiernos satélites de Europa, Estados Unidos y la OTAN se apresuraron a concluir acuerdos militares que le permitieran establecer bases militares y aéreas en toda la periferia de Rusia. Pero Ucrania fue la pieza central del objetivo de evitar que Rusia pudiera alcanzar una posición económica y militar de primer orden.

Ucrania tiene uno de los potenciales agrícolas más ricos del mundo y su infraestructura industrial y militar constituyeron factores de poder de primera importancia con que contó la Unión Soviética. De ahí que la independencia de Ucrania haya sido el golpe estratégico más relevante para evitar un resurgimiento de Rusia como potencia mundial.

Desde su ascensión al poder, mantener a Ucrania dentro de la esfera de influencia de Rusia, integrarla a una unión aduanera y evitar su ingreso a la Unión Europea y a la OTAN han sido los objetivos de política exterior más importantes de Putin.

Pese al gran número de ucranianos de origen y habla rusa, su proporción demográfica no les permite acceder a una posición de poder dentro de toda Ucrania, sino sólo en la parte industrializada del este y el sureste, incluida Crimea. Todos los gobiernos centrales de Ucrania han recaído en políticos que hicieron su carrera en el Partido Comunista y que a la caída de la URSS se enriquecieron rápidamente adueñándose, en el caos de la desintegración, de empresas estatales estratégicas y que construyeron su base electoral de poder en un nacionalismo con fuertes raigambres históricas fascistas, xenófobas y antisemitas.

Una importante riqueza petrolera y de gas ha permanecido insuficientemente explotada y Ucrania ha dependido de Rusia para satisfacer sus necesidades energéticas, lo que le ha conferido a esta última una gran ascendencia política y económica. Los últimos diez años de las relaciones entre ambos países han estado marcados por frecuentes y agrias discusiones sobre el precio del gas. De hecho, en el último intento para iniciar negociaciones conducentes a su ingreso a la Unión Europea, el presidente Viktor Yanukovych dio marcha atrás cuando Rusia ofreció precios del gas muy ventajosos para Ucrania, lo que dio lugar a manifestaciones populares de repudio al presidente, azuzadas por la Secretaría de la Unión Europea, el embajador de Estados Unidos, y la subsecretaria de estado, así como por exmilitares israelíes de ascendencia y lengua ucraniana.

Los ministros de relaciones exteriores de Alemania, Francia y Grecia concluyeron el 21 de febrero con el gobierno de Viktor Yanukovych un acuerdo para convocar a elecciones y encausar el descontento por vías pacíficas, pero el asalto del palacio presidencial por la turba frustró el cumplimiento del plan y desencadenó la crisis.

¿Cuáles son los objetivos de los principales actores en esta crisis?

Ante un gobierno ucraniano abiertamente anti-ruso, Putin busca salvaguardar la seguridad de sus bases militares y navales en Crimea. Pese a que el parlamento de Crimea está dispuesto a
anexarse a Rusia, ésta no requiere expander su territorio a) si obtiene garantías de que no se afectará la permanencia de sus bases en Crimea, b) si Ucrania renuncia a su pretensión de ingresar a la Unión Europea y c) si Ucrania permanece fuera de la OTAN. Éstos son tres grandes “si”, pero Rusia tiene ya dentro de su bolsillo a Crimea y muy probablemente a las ricas provincias industrializadas del este, lo que le da una enorme ventaja en cualquier negociación.

Estados Unidos ha adoptado una actitud de confrontación y sigue dando muestras de pretender sacar a Ucrania de la esfera de influencia de Rusia, reconociendo al gobierno ucraniano surgido de las manifestaciones pero controlado por una corrupta plutocracia, apoyando financieramente al mismo y desconociendo los intereses legítimos de seguridad de Rusia. Pero la influencia política, económica y diplomática de Estados Unidos sobre Rusia es muy limitada, como lo demuestran las sanciones puramente simbólicas que adoptó contra Rusia, y depende de que los países de la Unión Europea, quienes si tienen la tienen, hagan un frente común, lo cual difícilmente puede alcanzarse.

Alemania, Gran Bretaña y Austria han manifestado su oposición a cualquier sanción de tipo comercial y financiero contra Rusia, porque repercutiría profunda y negativamente en sus propias economías. Además,  una política de confrontación como la que sostiene Estados Unidos crearía un cisma político en Europa similar al de la guerra fría, que afectaría a corto plazo la expansión económica de la UE, sumida desde hace varios años  en una recesión.

Pese a irresponsables e innecesarias, por su poca credibilidad, demostraciones de fuerza de Estados Unidos en el Báltico y el Mar Negro, no es probable un enfrentamiento militar a causa de Crimea. Ningun país europeo contempla el uso de la fuerza y Estados Unidos nunca se enfrentaría por sí solo a una gran potencia militar y menos con una que puede borrarla del mapa. En otras palabras, está de por medio la supervivencia misma de la humanidad y no es probable que nadie en su sano juicio lo desee.

Lo importante es encontrar una fórmula que permita desescalar el conflicto y que sea encabezada por un país de influencia,como Alemania. La canciller Angela Merkel ha estado en contaco permanente con Putin, pero no ha logrado obtener de éste su acuerdo para crear un grupo de contacto que incluya al gobiern de Ucrania, pero tampoco la UE ha logrado, en buena parte por la reticencia de Alemania, adoptar un acuerdo sobre las medidas que debe tomar para presionar a Rusia. En otras palabras, la iniciativa vendrá necesariamentre de Rusia y será muy ventajosa para ella.

Como dijo Henry Kissinger en un reciente artículo sobre la crisis de Ucrania: “Putin es un consumado estratega”

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