Con el título de Diplomacia Humanista, varios medios impresos de México publicaron un artículo de Genaro Lozano, columnista del diario Reforma,  que analizaba el capítulo de política exterior del II Informe de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto. El título no se refería al contenido humanista de la política exterior sino a su semejanza con la naturaleza insubstancial del programa de  un nuevo partido político del que prácticamente nadie supo de su formación y organización hasta que se dio a conocer su registro. El artículo destacó entre el alud de tinta que se vertió en alabanzas y elogios al documento presidencial por su enfoque incisivo a la forma como se abordó el tema en el Informe y México Internacional lo reproduce como una contribución documental al análisis de este importante aspecto de la vida institucional del país.

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Por Genaro Lozano

Hay tantas preguntas y comentarios que hacer sobre el segundo informe del presidente Peña Nieto. Por un lado, lo relacionado al evento mediático, el infomercial del presidente de una hora y media en cadena nacional, con aplausos ensordecedores, sudor y el equivocado uso del Zócalo como un estacionamiento de camionetas blindadas, símbolo de la distancia que separa a la clase política de la ciudadanía en este país. Por el otro, las 574 páginas del informe entregado al Congreso de la Unión. En este espacio, me limitaré a hacer algunos apuntes sobre el último rubro del informe escrito, el de la política exterior, titulado “México con responsabilidad global”.

En las últimas 51 cuartillas del informe se presenta el segundo año de la política exterior del gobierno de Enrique Peña Nieto y en ellas se percibe un cambio de forma con respecto al sexenio de Felipe Calderón: nuestra diplomacia ya no parece monotemática y orientada casi exclusivamente a hablar de seguridad, de narcotráfico y de cooperación antiterrorista y ello se agradece.

Sin embargo, en ese afán por mostrar una diplomacia multitask se gana en romper inercias monotemáticas, pero se pierde en las generalidades y en la ausencia de principios o grandes agendas. Respecto a Norteamérica, la región más importante para México, parece que hoy lo único que importa con EU y con Canadá son los temas comerciales, los del “emprendimiento”, la innovación y la mejora de infraestructura fronteriza. No hay un cambio de paradigma, se renuncia al trabajo de una diplomacia pública que busque la reforma migratoria, no hay agenda política y menos una nueva región de América del Norte más integrada. No hay la visión de un TLCAN plus, de revisar en qué ha fallado la integración en sus más 20 años, en saber qué pasará con las visas canadienses. No hay autocrítica, solo una relación en piloto automático.

Respecto a Asia sólo se dedican tres párrafos a China, el país más importante del continente asiático, y la agenda ahí parece limitada a intercambios académicos y de empresarios. Asia es la región más dinámica del mundo, la que más retos trae para México y en la que las esperanzas parecen puestas en la asociación de MIKTA (México-Indonesia-Corea del Sur-Turquía y Australia), que no queda nada claro qué promueve más allá del dogma del libre mercado. No hay más que generalidades en torno a este continente y lo mismo ocurre con Europa, donde no hay detalle sobre la labor que hace la ex Canciller Espinosa, hoy embajadora de México en Berlín, más allá de un convenio para techos solares. Eso sí, se presume un “relanzamiento” de la relación con Francia, después del daño diplomático por el asunto Cassez, pero sólo detalla la firma de 42 convenios jurídicos.

Respecto a América Latina hay un orgullo en enumerar cumbres, ocho viajes a la región, la entrada en vigor de un TLC con Panamá y otro con Centroamérica, negociados en el sexenio pasado, y la joya de la corona: el “relanzamiento” de la relación con Cuba, aunque éste solo se limite a un acuerdo arancelario, nada de temas de derechos humanos y menos de democracia en la isla, y nada de reconocer que al final del sexenio de Calderón ya había una normalización de la relación con Cuba. Nada de sustancia con Brasil, la mayor economía latinoamericana, más allá de 23 menciones en el documento que solo enlista proyectos, reuniones y acuerdos, pero que no explica agendas ni detalla oportunidades.

Del Medio Oriente y de África tal vez lo más destacable sea el hecho de que se abrió una representación en Ghana y otra en Qatar, de consulados honorarios en seis países africanos y de la posibilidad de un vuelo directo a Dubai. Más allá de ello, hay un silencio respecto al tema de Israel-Gaza o a los abusos en derechos humanos de personas LGBT en África o en Irán y ello pese a que se detalla la participación activa de México en foros multilaterales, como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

En este segundo informe de Peña hay una diplomacia que prioriza una agenda multitemática, sí, pero al final me quedo con la idea de que la política exterior de México se parece en mucho a uno de los nuevos partidos políticos de México, el Partido Humanista. Un partido que busca convencer a los votantes renunciando a la ideología, un partido “programático”. Así, en México parece que hoy tenemos una “política exterior humanista”, sin ideología clara, sin declaraciones ambiciosas del país que hoy somos y del que queremos, una política exterior que ha decidido promover especialmente el libre comercio, sin cuestionar sus alcances, una política exterior enferma de “cumbritis” y de numeralias, una política exterior de pose que cuenta en millas viajadas en clase premier los resultados.

Ahora toca al Senado cuestionar al Canciller Meade sobre las interrogantes de política exterior. Ojalá que la senadora Gabriela Cuevas no esté de viaje en clase ejecutiva para la glosa del informe en política exterior y que se prepare bien para cuestionar al Canciller.

Reproducido de El Siglo de Torreón

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