México y el desbarajuste de la Casa Blanca
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por Francisco Correa Villalobos

Las despiadadas luchas internas de la Casa Blanca y las absurdas y contradictorias reacciones públicas de los principales asesores del presidente Trump, que se pusieron en evidencia con la renuncia del director de Seguridad Nacional Michael Flynn, denotaron una incapacidad elemental del jefe de estado estadunidense para controlar a su círculo más cercano de colaboradores, y ganar la confianza y lealtad de la gigantesca burocracia federal para impedir las filtraciones, con el resultado de provocar la alarma entre los aliados y suscitar dudas en la clase política sobre la funcionalidad de su presidencia.

El desbarajuste no se detuvo con la salida de Flynn. Las feroces críticas de la televisión contra Kellyane Conway , una de las asesoras de Trump quien ha declarado su interés por el puesto de Jefe de Gabinete que detenta Rience Priebus, y los subsiguientes comentarios permitieron entrever que el “error” de Flynn de hablar sobre las sanciones a Rusia con el embajador de Putin no fue tal, sino que actuó por instrucciones de Trump y que todo hubiera pasado inadvertido de no ser por filtraciones de algún servicio de inteligencia que dio a conocer el hecho al Departamento de Justicia, de donde se filtró a los medios, causando el caos para controlar el daño con múltiples explicaciones contradictorias sobre quién le dijo qué a quién. Ello explica por qué el presidente dijo el mismo día 14 que el problema no era Flynn sino las filtraciones.

El interés de Conway por ocupar el puesto de Priebus quedó muy maltrecho por su pobre comparecencia ante las cámaras, pero eso no ayudó en nada al Jefe de Gabinete pues el mismo día 14 el diario Breitbar News dijo que el próximo a caer era Priebus, citando a una fuente anónima que apuntaba a Stephen Bannon, el asesor más poderoso y cercano de Trump, y exdirector de ese diario antes de sumarse a la campaña de Trump.

Una vez fuera Flynn del juego, quien padecía de una fijación paranoica que contagiaba al presidente, o reforzaba la propia, respecto de Irán, quedan en la estrecha mira personal de Trump tres objetivos prioritarios e inmediatos: los musulmanes, México y Corea del Norte, éste último por echarle a perder su fin de semana con uno de los principales blancos – el primer ministro de Japón- de la calculada ira de Kim-Jong-Um.

La primera batalla contra los musulmanes, una obsesión de Stephen Bannon, la eminencia gris de Trump, fue frustrada por los tribunales, lo que deja a México como un objetivo fácil para darle brillo a su administración y mantener el apoyo de sus seguidores con miras al 2020.

El desorden y el desgobierno al interior de la Casa Blanca tienen una gran incidencia sobre el multifacético asunto de México, porque si bien Videgaray tiene una estrecha amistad con el primer yerno del imperio, Jared Kushner, nada garantiza que Trump le haga caso en nuestro asunto, como se demostró el domingo 12, cuando el director de política de la Casa Blanca, Stephen Miller, insistió ante la televisión que había muchas formas para financiar el muro a cargo de México. Esto contradice claramente lo que Kushner y Viedegaray habían conseguido cuando corrigieron una declaración o discurso de Trump precisamente para eliminar toda referencia al pago del muro y que Videgaray presentó a la prensa mexicana como “alentadoras señales”.

Lo importante es que en un twit Trump felicitó a Miller por sus declaraciones y de hecho dio marcha atrás en lo que su yerno le había inducido a modificar.

Ahora Videgaray continuará sus negociaciones políticas con el Secretario de Estado, Rex Tillerson, y con el Secretario de Seguridad Interior John F. Kelly, pero ello no alivia en lo más mínimo la crítica realidad que México tiene ante sí: una contraparte en la que no se puede confiar porque habla con muchas voces y la más importante de ellas, la del presidente, es caprichosa, voluble y contradictoria. Además, ha sido frente al Departamento de Seguridad Interior que se ha hecho la costosa cesión de soberanía en política migratoria. La visita de Kelly a México no se hubiera pactado si no existiera la voluntad de confirmar y acentuar esas concesiones.

Hasta ahora, el presidente Peña Nieto ha adoptado una posición insubstancial que pretende hacerse pasar por diplomática y que es sumamente perjudicial para el país.

Ante un gobierno como el de Estados Unidos, debe insistirse en que se plantée de forma clara, precisa y pública la posición más ventajosa para México en la que se cancelen las concesiones unilaterales más onerosas que nuestro país ha hecho particularmente desde 2000 con los gobiernos panistas.

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