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por Francisco Correa Villalobos
Embajador de México en retiro

Aunque nunca lo mencionó de nombre, México fue el desafortunado eje principal del discurso de Trump en la sesión conjunta de las cámaras de presentantes y senadores del 28 de febrero, tal como lo ha sido desde que éste inició su camino hacia la Casa Blanca.

Con olfato de publicista captó desde hace años la identidad de los prejuicios raciales propios con los de una gran porción de la población blanca poco educada y la idoneidad, como aglutinante de su proyecto político, el presentar a los indocumentados mexicanos como responsables del crimen, el desempleo y la drogadicción. Este sector es un blanco muy conveniente, porque son muy visibles y se les percibe como vulnerables, sumisos, sin organización de defensa y desprotegidos incluso por el gobierno de su país, al cual, además, muchos estadunidenses lo ven como despreciable, ridículamente subdesarrollado, inepto y corrupto.

De ahí que la idea del muro y la deportación masiva hayan asumido la categoría de proyectos con enormes ventajas y sin grandes costos políticos internos e internacionales y que Trump haya medido que, por sus actos, Peña Nieto no representaba ningún riesgo ni ameritaba mejor trato que el que merecería el presidente de una república de segunda.

Esta visión no cambió ni siquiera cuando Tillerson y Kelly estuvieron en México y Trump dijo que le daba lo mismo si había o no buenas relaciones con nuestro país.

En su muy elemental, superficial e ignorante visión de la inmigración indocumentada en Estados Unidos, Trump le atribuyó la responsabilidad de los bajos salarios, el desempleo, la inseguridad y del gasto de billones y billones de dólares; dijo que los indocumentados son los malos, miembros de bandas delictivas, narcotraficantes y criminales que amenazan a las comunidades y caen sobre los ciudadanos; para dramatizar el peligro que representan los indocumentados, Trump recurrió a la anécdota conmovedora, al uso mendaz de las estadísticas equiparando implícitamente el desempleo con el porcentaje de la población que está fuera de la fuerza de trabajo, la cual incluye incapacitados, jubilados, trabajo en el hogar y personas que viven permanentemente del welfare y. para rematar, dispuso la creación de una oficina y un fondo para la ayuda de víctimas de delitos cometidos por inmigrantes indocumentados, una demagógica aberración jurídica y política que, si la comparamos con la reacción que se hubiese producido si la iniciativa se hubiera hipotéticamente aplicado a las víctimas de delitos cometidos por negros, subraya el bajísimo costo político de denostar a los inmigrantes indocumentados mexicanos. Y digo mexicanos porque ellos son el objetivo de la ira de Trump.

Trump insistió que construirá un gran, gran muro en la frontera sur que será un arma muy efectiva contra las drogas y el crimen. Así, por enésima vez, Trump equiparó implícitamente a la inmigración indocumentada proveniente de México con el crimen en Estados Unidos.

Pocas horas antes de su discurso ante el Congreso, Trump recurrió a su habitual estilo de mentiras, fintas y apantalles para desorientar a la opinión pública y atemperar el impacto de otras declaraciones que normalmente están también llenas de mentiras y falsedades, en esta ocasión para insinuar que, si se cumplen una serie de condiciones, estaría a favor de una reforma migratoria que favorecería a 11 millones de indocumentados. Tal vez esa táctica le dio buenos resultados con ancianos propietarios de viejos edificios de Nueva York a quienes Trump quería confundir para estafarlos, pero que en la vida pública resultan transparentes para muchos, aunque no para todos.

Esta andanada anti-mexicana del presidente de Estados Unidos se produjo al día siguiente que el Secretario de Relaciones Exteriores Luis Videgaray compareció ante la cámara de senadores para hacer un minucioso inventario de los contactos que ha tenido con autoridades norteamericanas.

La extensa intervención del Secretario Videgaray y sus respuestas a las preguntas y observaciones de los senadores, ofrecen un panorama de la complejidad y vastedad de los temas de las negociaciones con Estados Unidos y el método para abordarlos. A este respecto, y frente a la esquizofrenia y las declaraciones chapuceras, contradictorias y mentirosas, Videgaray dijo que había que atenerse exclusivamente a los hechos e insistió en que las negociaciones deben basarse en una política exterior de Estado a cuya definición invitó a participar activamente a senado de la República.

Pero tan importante como lo que dijo Videgaray es lo que no dijo.

Por ejemplo, no precisó en qué consiste la cooperación de Estados Unidos en detener la inmigración irregular en la frontera sur de México a la que se refirieron Tillerson y Kelly en su comunicado. ¿Es un acuerdo entre EUA y México? ¿Qué recibió México a cambio? Si es un acuerdo, ¿por qué no se publica? ¿O es una concesión unilateral? ¿Tiene una validez indefinida? ¿Cuándo y bajo que condiciones recuperaremos el control de nuestra política migratoria? ¿Se negociará también este tema?

¿A qué se refieren Tillerson y Kelly cuando hablan del compromiso común de “detener potenciales terroristas”? ¿Cómo se identifica a un “terrorista potencial”? ¿Por su nacionalidad? ¿Por su religión? ¿Quién los identifica antes de entrar a México, México o Estados Unidos? ¿Quién filtra a los pasajeros que arriban a México? ¿Funcionarios estadunidenses o mexicanos? ¿Cuándo y quién concluyó ese acuerdo con EUA? ¿Qué recibió México a cambio? ¿Cuál es la duración del mismo? ¿Está este tema entre los que se negociarán con Estados Unidos?

¿Qué quisieron decir Tillerson y Kelly cuando hablaron de “rule of law” en la cuestión del tráfico de armas a México? ¿Quiere decir que EUA no podrá fijar nuevas reglamentaciones de la venta de armas en las miles de armerías a lo largo de la frontera, para no entrar en conflicto con la National Rifle Association?

¿Qué quiso decir Osorio Chong cuando expresó en el Comunicado SRE-SEGOB-SHCP “la importancia de fortalecer el intercambio de inteligencia”? ¿Quiere decir que el Gobierno de México desea que se fortalezcan las acciones de los numerosos servicios de inteligencia estadunidenses que operan en México? ¿Con qué fin? ¿Hay algún servicio de contrainteligencia de México que los controle?

Se podrían formular decenas de otras preguntas similares sobre los temas opacos del papel tanto del Ejército como de la Marina en el combate al tráfico transfronterizo de estupefacientes y de la Administración General de Aduanas de la SHCP en el tráfico de armas, preguntas que el lector puede fácilmente formular.

Las negociaciones con Estados Unidos serán posiblemente las más importantes para México desde el Tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848 y deberán establecer el marco de las relaciones con Estados Unidos para los próximos cincuenta o cien años. Es de celebrarse que el Secretario Videgaray, quien demuestra ser un negociador muy hábil, aunque solitario, haya destacado la necesidad de una política de Estado. En una crisis de esta amplitud corresponde a la SRE crear los mecanismos para recoger y sistematizar las propuestas y aportaciones de otros sectores de la sociedad sobre los múltiples temas de la agenda. Esta es una obligación moral que no puede eludir.

Por último, creo que todos los mexicanos estamos conscientes de que nuestra fuerza y únicas armas son la razón, el derecho, la justicia y la diplomacia. Sin embargo, aun en las negociaciones diplomáticas más tranquilas y serenas ocasionalmente es conveniente un buen manotazo sobre la mesa. En el caso que nos ocupa es más que necesario por razones de salud pública.

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