El día 9 de anril de 2017, el  Embajador José Luis Vallarta Marrón envió esta carta al diario Reforma:

Diario Reforma

 La carta de las Naciones Unidas (ONU) prohíbe lapidariamente la amenaza o el uso de la fuerza armada por los Estados, con sólo dos excepciones: a) la legítima defensa en caso de ataque armado, y b) la autorización expresa del Consejo de Seguridad de la ONU.

Siria no ha atacado a Estados Unidos de América (EUA) y el Consejo de Seguridad de la ONU no autorizó el bombardeo a Siria por la administración del Presidente Trump; por tanto, el bombardeo a Siria por las fuerzas armadas de EUA fue una agresión armada. Si Siria hubiera tenido la capacidad militar para hundir los barcos de EUA después de primer disparo, habría actuado en legítima defensa, de conformidad con la Carta de la ONU. Si Siria solicita ayuda a la Federación Rusa para una legítima defensa colectiva,  y Rusia accede, todo ataque a Siria puede ser considerado un ataque a Rusia y puede dar inicio a la tercera guerra mundial.

Si la administración del Presidente Peña Nieto se aparta de la tesis expresada en esta carta se apartaría de la política exterior que dio prestigio a nuestro país hace algunas décadas.

Lo anterior no significa apoyo al uso de armas químicas que supuestamente dio origen al ilegal bombardeo de Trump.

 Atentamente,

 José Luis Vallarta Marrón

Doctor en Derecho,

Embajador de México, de carrera, jubilado  

 

 

8 de abril de 2017

El derrocamiento de Bashar al-Assad se ha convertido para muchos gobiernos y de la inmensa mayoría de los medios de comunicación, en un dogma que no admite discusión. En el centro de una región donde no hay un sólo país que se pueda llamar democrático -sólo Líbano e Irán celebran elecciones periódicas- y respetuoso de los derechos humanos, Estados Unidos y los principales países europeos han hecho de Siria el único blanco de sus histerias redentoras. Nadie habla nunca de que el individuo en turno de la familia al-Saud que reina en el país, que es tan de su propiedad que lleva el nombre de la familia, deba ser derrocado para permitir que todos los habitantes elijan quién los debe gobernar, ni que  la familia al-Jalifa, de Bahréin, ni la familia al-Thani, de Qatar,  ni las siete familias que gobiernan los siete emiratos de los Emirato Árabes Unidos, ni el sultán Qabus de Omán, ni la familia al-Sabah, de Kuwait o el recién ungido como “formidable” demócrata por Trump, el general Abdel Fatah el-Sissi de Egipto, deban convocar a elecciones o dejar el poder de inmediato so pena de que  sufran la ira libertaria de rebeldes decapitadores moderados o de salvajes decapitadores del EI o al-Qaeda o los ataques inmisericordes de los cohetes norteamericanos.

Pero tan indignante es esta incongruencia o hipocresía, como es aterrador el regocijo con que los medios de comunicación y gran parte la opinione pública norteamericana reciben la noticia cada vez que su gobierno ataca militarmente a otro país. Trump logró su objetivo inmediato de desviar la atención sobre la disfuncionalidad de su administración y de su entorno de asesores y neutralizar por el momento la rabiosa oposición demócrata, pero puso de manifiesto una vez más para quienquiera que quiera ver, el gigantesco peligro que representa para la humanidad nuestro cercano vecino.

Toda la clase política norteamericana aprobó la acción de Trump en Siria, y sólo le criticaron que no hubiese solicitado y obtenido la autorización de hacer la guerra por parte del Congreso, pero nadie quiso acordarse que hay reglas de convivencia internacional que prohíben esas acciones delictivas, porque ningún político estadunidense quiere renunciar a la idea que su país es “excepcional” y que está impunemente por encima de la legalidad internacional.

Durante mi larga adscripción en la Misión Permanente de México ante las Naciones Unidas, pude comprobar la poca credibilidad que tiene Estados Unidos para el cumplimiento de sus compromisos. Con total y absoluta desvergüenza sus representantes se desdicen de compromisos asumidos, aunque con ello dejen en el camino a sus propios aliados. En Siria había un claro entendimiento entre Rusia y Estados Unidos que iba más lejos de evitar incidentes entre sus respectivos aviones, como lo demuestra el hecho que en septiembre de 2016, cuando aviones norteamericanos mataron a 83 soldados sirios en Deir es-Zor, el Pentágono se apresuró a disculparse alegando que había sido una equivocación. ¿Disculparse ante Bashar el-Assad y Putin? De no existir ese entendimiento se hubiesen tranquilamente pitorreado. El riesgo era -como lo es ahora- de situarse al borde del precipicio y hacer más difíciles sus propias operaciones militares con la reacción defensiva de cohetes anti-misiles de Rusia.

Dentro de una semana ambas potencias regresarán a la mesa de negociaciones en las que el presidente ruso ha demostrado ser un verdadero maestro.

El viernes 7 Washington regresó rápidamente a la normalidad del desbarajuste de la Casa Blanca sin que salieran de ella estridencias de histeria militar. Quizá tenga razón el New York Times cuando calificó el ataque de Trump como “simbólico”.

Por último, un comentario sobre el comunicado de México y otros países sobre Siria: calla lo más importante, o sea, la violación a la Carta de las Naciones Unidas; se olvida que Siria es un país soberano y no un territorio sideral en el que combaten muchas facciones; respalda que se utilice el pretexto del uso de las armas químicas -sin pedir una investigación sobre su autoría- como justificación del ataque.  Brasil prefirió quedarse callado. Mejor.

México Internacional

 

SIRIA. Nueva etapa en la Guerra Permanente

Por Francisco Correa Villalobos

Embajador de México en retiro

En 1936 se estrenó una formidable película de ciencia ficción titulada Things to Come* con guion de H.G. Wells, que estelarizaron dos no menos excepcionales actores: Sir Cedric Hardwicke y Raymond Massey. La trama del profético film -concebida en el tenso ambiente de paz militarizada de los años treinta- se desarrolla en un medio de guerra mundial permanente de 1940 hasta 2046.

La Segunda Guerra Mundial no duró 146 años sino 7, pero el estado real de guerra permanente no es una ficción, sino una realidad aterradora que se extiende desde 1936 hasta nuestros días, es decir, 81 largos años, aunque, en realidad, el mundo no ha estado nunca libre de conflictos  armados.   La Guerra Fría, que ven con explicable nostalgia muchos internacionalistas, libró al mundo de un holocausto nuclear, pero los encuentros militares bipolares se manifestaron  en encarnizados combates en innumerables países de África, Asia y América Latina, muchos de los cuales sobrevivieron la desaparición de la Unión Soviética y el advenimiento de la unipolaridad, dando credibilidad a la tesis que los conflictos armados, al desgarrar el tejido social, provocan conflictos armados colaterales en una secuencia de autogestación diabólica.

La noción de guerra permanente es más aterradora cuando se analiza el estado de guerra en que se ha encontrado sumido el país que se auto ostenta como el más pacífico y generoso de la historia: Estados Unidos. Según el portal InfoWars ese país ha estado en guerra 93% de todo el tiempo transcurrido desde su independencia en 1776, o sea 220 de 241 años de independencia, sin contar con las acciones armadas clandestinas de sus servicios de inteligencia en todo el mundo, causando millones de muertos y un número más elevado de heridos, muchos de los cuales hubieran preferido estar muertos si conservaran la capacidad de desearlo. Sólo en el año 2016 Estados Unidos estuvo involucrado en acciones militares significativas en Afganistán, Iraq, Siria, Libia, Yemen, Somalia, Ucrania, Mali y Argelia,

El equilibrio estratégico entre Estados Unidos y la Unión Soviética permitió a algunos países, México de manera destacada, aprovechar resquicios políticos para promover el desarrollo y codificación del derecho internacional en materia de seguridad internacional, como un medio para salvaguardar su propia seguridad en un medio de contención recíproca.

Pero la desaparición de la Unión Soviética dio lugar a la brutal preminencia de los intereses de la superpotencia sobreviviente. La unipolaridad generó extraños conceptos como el “excepcionalismo” y la “indispensabilidad” que tenían como finalidad minar el denso bagage de derecho internacional sobre seguridad, desarrollado entre los años 60s, 70s y 80’s del siglo XX y justificar acciones de Estados Unidos y sus aliados por encima de la legalidad internacional

Así, en septiembre de 2013, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en sendos discursos ante la Asamblea General de Naciones Unidas y en la televisión,  subsumió los intereses mundiales de Estados Unidos  en su “excepcionalidad”  para justificar el uso de la fuerza armada contra Siria en violación de lo dispuesto en la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional.

La intervención armada, con el pretexto de un supuesto uso de armas químicas por el ejército sirio contra la población civil, no se llevó a cabo gracias a la mediación del presidente ruso, Vladimir Putin, que vació de contenido la amenaza al convencer al presidente Bashar al-Assad de entregar todo el arsenal de armas químicas a Naciones Unidas. Posteriormente se comprobó que tales armas habían sido empleadas por grupos de mercenarios adiestrados, financiados y armados por Estados Unidos y aliados árabes del Golfo Pérsico, con el fin de justificar una intervención armada de Estados Unidos,**

Hace unas semanas, oculta entre noticias más estridentes o escandalosas de la presidencia de Trump, la prensa mundial divulgó la decisión del gobierno norteamericano de enviar 400 soldados de sus fuerzas especiales, que se sumarán a otros 250 que ya se encuentra en el terreno, para apoyar con artillería pesada a grupos de mercenarios opuestos a Bashar al-Assad, ostensiblemente para combatir a las fuerzas del Estado Islámico en Raqqa, al este de Siria, cerca de la frontera con Iraq, en una flagrante violación al derecho internacional

Raqqa, situada en un  punto estratégico a orillas del Eúfrates que controla buena parte de los yacimientos petrolíferos de Siria,  ha escapado al dominio de Damasco desde que el ISIS la ocupó hace algunos años ­­­­­­­­­y la convirtió prácticamente en su capital.

La administración de Trump carece de las sutilezas pseudo-morales, jurídicas   o políticas de su predecesor y sólo se limitó a anunciar la decisión y a describir la supuesta misión del contingente, a saber, apoyar a algunos grupos de mercenarios que cuentan, hasta ahora, con el apoyo de Estados Unidos para combatir al ejército sirio, a otros grupos armados y al ISIS.

Pero a principios de abril de 2017, el régimen norteamericano anunció que el objetivo del envío de tropas a Siria era crear “zonas de seguridad” para  albergar civiles desplazados y propiciar el regreso de refugiados. El Secretario de Estado, Rex Tillerson, al anunciar el plan en una reunión de los países de la llamada “coalición” contra ISIS, no entró en detalles de dónde ni como se crearían esas zonas, pero algunos analistas han sostenido que dichas zonas no garantizan la seguridad de los civiles, a menos que  se incremente en varios miles el número de soldados extranjeros que se encargarían de su resguardo, ni es previsible que se logre la anuencia del gobierno de Siria para su creación, o la colaboración de Turquía y las organizaciones kurdas para establcerlas en  la única parte del territorio sirio donde se pretende crearlas. http://news.antiwar.com/2017/03/22/tillerson-confirms-us-will-set-up-safe-zones-in-syria/

http://www.mintpressnews.com/226552-safe-zones-as-soft-military-occupation-trumps-plan-for-syria-iraq-is-taking-shape/226552/

En otras palabras, el ostensible objetivo humanitario de dichas zonas es un velo para encubrir una ocupación prolongada de la parte del territorio sirio más estratégica y, quizá, cumplir uno de los deseos frustrados de Trump en Irak: la apropiación de los recursos petroleros.

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*La película se tituló en español “El Mundo en el año 2000”

** El 3 de abril de 2017, se reportó un ataque con gas en contra de la población de la aldea siria de Khan Sheikhoun, del que en medios internacionales se acusó de inmediato al gobierno de Siria.  Medios independientes destacaron la improbabilidad de dicha autoría. Antes de que se verificara la veracidad de las acusaciones, hubo un coro generalizado de gobiernos con intereses en el derrocamiento de Bashar al-Assad y aliados de Estados Unidos, con el doble propósito de detener el avance de las tropas sirias contra ISIS y los mercenarios en Raqqa y  ocultar  mediáticamente la invasión de territorio sirio por Estados Unidos.   https://www.rt.com/news/383522-syria-idlib-warehouse-strike-chemical/  https://mobile.almasdarnews.com/article/jumping-conclusions-something-not-adding-idlib-chemical-weapons-attack/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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