Hoy llega a México en visita oficial invitado por el gobierno de Peña Nieto el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, un país que, hasta diciembre de 2016, había sido objeto de llamamientos, exhortaciones, censuras y condenas en no menos de 225 resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la casi totalidad de las cuales han sido ignoradas o abiertamente violadas por ese país. Todas las resoluciones aprobadas por dicho órgano cuando México fue un miembro no permanente lo fueron con el voto afirmativo de nuestro país. Este deplorable récord, único en la historia, propio de un estado forajido, que con sus armas nucleares y poderío militar es la principal causa de inestabilidad en el Medio Oriente, debería merecer un trato proporcional al que se  sometió al gobierno de la República Popular Democrática de Corea y no el que ahora se dispensa a un primer ministro israelí, autor de auténticos crímenes contra la humanidad en perjuicio del pueblo palestino y de complicidad con -y posiblemente patrocinio de- organizaciones terroristas. Que se reciba con honores a Netanyahu muestra claramente el nivel al que ha llegado la política exterior en el último año del gobierno de Peña Nieto.

 

Embajadores de México en retiro

Francisco Correa Villalobos

Sergio Romero Cuevas

  • Carta publicada en la sección El Correo Ilustrado del diario La Jornada, del 14 de septiembre de 2017.

 

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