por Francisco Correa Villalobos, Embajador de México en retiro  

Ildefonso Guajardo, Secretario de Economía y al parecer también de Relaciones Exteriores, ha caído en cuenta de manera brutal lo que cualquier estudiante de relaciones internacionales sabe, o sea que las concesiones unilaterales nunca implican un compromiso de reciprocidad y que, una vez adoptadas, es muy difícil dar marcha atrás, sobre todo cuando el que las hace es la parte débil en la relación. En varios artículos publicados desde principios de año en www.mexinternacional.mx he sostenido la necesidad de enfrentar al gobierno de Donald Trump en un piso parejo que suponga cancelar todas, o al menos una buena parte, de las concesiones unilaterales que se han hecho a Estados Unidos desde el gobierno de Vicente  Fox en materia de política migratoria, combate al narcotráfico, seguridad  aérea, cooperación militar y naval y política internacional, en algunas de las cuales agentes del gobierno estadunidense ejercen funciones de autoridad dentro de nuestro país.

Estos “dulcecitos”, como algún frívolo alto funcionario de la SRE llamó a estas cuestiones de soberanía, no han servido -como lo esperaba el Gobierno de México-  para que el dotard de la Casa Blanca modere sus descabelladas pretensiones respecto del TLC, pero tampoco servirá la amenaza de privarlo de ellos en el futuro porque el Gobierno de Peña Nieto ha perdido toda credibilidad de dignidad y fortaleza para esperar que pueda dar y mantener un golpe de timón de tal magnitud.

La historia de nuestras relaciones internacionales nos ha demostrado que la coherencia y la constancia en nuestras posiciones de política exterior constituyen, por sí mismas, un interés nacional que nos facilita la promoción de otros intereses nacionales. Somos un país vulnerable con un vecino peligroso y abandonarlas pone en riesgo nuestras soberanía y seguridad nacional.

 

 

 

 

 

 

 

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