Ante la absoluta imposibilidad de la Asamblea General de la OEA de imponer  desde afuera un arreglo de la crisis en Venezuela,  la desbandada de la oposición frente a la derrota electoral que creó la Asamblea Constituyente y las elecciones de gobernadores y alcaldes en las que participó la oposición, la crisis en ese país sudamericano ha entrado en una nueva etapa para doblegar a su gobierno y a millones de sus seguidores, con la aplicación de drásticas medidas de presión económica y financiera similares a las que en su tiempo se aplicaron a Irak, como preludio a la sangrienta agresión militar encabezada por Estados Unidos,  y se siguen imponiendo a Rusia, Cuba, Siria y Corea del Norte  como recurso alterno al retroceso de la proyección militar y política de Estados Unidos y de su satélite, la Unión Europea.

En el continente americano, doce países, entre ellos México, se vieron forzados en su activismo político contra el gobierno de Maduro y sus millones de partidarios, a transitar de la OEA a un grupo llamado de Lima, cada vez más difuminado y menos relevante.

En todo este proceso, que para México se inició, al menos públicamente, con la audiencia que concedió la entonces Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu Salinas de Gortari, a Lilian Tintori  en febrero de 2016,  el Gobierno de México no ha emitido ningún documento que analice, explique o justifique ante la opinión pública mexicana lo que a todas luces es un vuelco en una política exterior de muy larga tradición y profundamente arraigada en la conciencia política de los mexicanos.  

El documento que se transcribe a continuación no constituye un análisis pero si es un inventario de los temas o cuestiones que  incomodan al Gobierno de México de la crisis de Venezuela aunque no explique, ni mucho menos desmenuce, las razones ideológicas, jurídicas o políticas por las que le molestan. Se trata del discurso del entonces Representante Permanente de México ante la OEA, Embajador Alfonso de Alba Góngora, y ahora Subsecretario para América Latina y el Caribe, pronunciado el 24  de julio de 2017 en una reunión de la Comisión Permanente de la OEA.

Una opinión de varios Embajadores de México jubilados sobre dicho discurso puede encontrarse en México Internacional bajo el título “Carta a Senadores de la República”, de fecha 24 de agosto de 2017

Francisco Correa Villalobos, Embajador de México en retiro

Discurso del Representnte Permanente de México ante la OEA, el 24 de julio de 2017

Señor presidente,

Apreciamos la oportunidad que proporciona este espacio para analizar de manera constructiva y responsable, la situación en Venezuela y la forma en que nuestros países pueden contribuir a la solución pacífica de un conflicto que se agudiza día con día y que amenaza con desbordarse de un momento a otro. La actuación de este Consejo Permanente, misma que refleja la posición mayoritaria de los Estados miembros de nuestra Organización, no puede, ni debe ser cuestionada y menos aún responsabilizada por la violencia. Hacerlo es irresponsable y sólo se entiende como un intento de evasión de responsabilidades.

 Si algo caracteriza a nuestro hemisferio son los valores compartidos, plasmados en la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana, entre los que figuran la solidaridad, la solución pacífica de las controversias, el respeto a los derechos humanos y al derecho internacional, así como el respeto a la soberanía. Es sobre la base de esos valores que México, y estoy seguro que el resto de los países miembros, hoy nos pronunciamos nuevamente a favor de una salida negociada que permita a los venezolanos retomar la senda de la democracia y la convivencia armónica.

Lo que sucede en ese hermano país es motivo de profunda preocupación y resultado del deterioro paulatino de una relación entre actores políticos, sociales y económicos, en la que ninguno puede prevalecer sobre el otro. En Venezuela se ha producido una alteración del orden constitucional, en detrimento del estado de derecho, la protección de los derechos humanos y  la división de poderes, entre otros.

 

Hay un pueblo polarizado y una escalada de violencia, que, al día de hoy, lamentablemente, ha cobrado más de un centenar de vidas y ha dejado miles de heridos y detenidos. En este contexto, compartimos las preocupaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el recurso a operativos militares para reprimir las manifestaciones sociales y el uso de la jurisdicción militar para procesar a civiles.  Estas acciones no tienen ninguna justificación y solo se convierten en detonadores de más violencia.

Con absoluto respeto de la soberanía venezolana, acompañamos el llamado de la Comisión para que  el gobierno de ese país cumpla con sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos e insistimos en que el principio de no intervención no puede, ni debe ser invocado para justificar alteraciones al orden democrático o para eludir responsabilidades en materia de derechos humanos.

El ataque contra la Asamblea Nacional ocurrido el pasado 5 de julio, en el que fueron agredidos varios legisladores y otros actos de violencia como el perpetrado contra el Tribunal Supremo de Justicia el pasado 27 de junio son a su vez hechos inaceptables en cualquier democracia y por ello fueron inmediatamente rechazados y condenados por México. Condenamos asimismo la detención de tres magistrados del Tribunal Supremo de Justicia recientemente electos por la Asamblea Nacional.  

 Acciones de este tipo demuestran la intolerancia y la polarización que prevalece hoy en Venezuela, donde, además, se recurre con frecuencia a un discurso divisivo y de manera falsa se crean “teorías de la conspiración” que pretenden culpar a otros países de lo que ocurre en el país, al mismo tiempo que se amenaza o descalifica al contendiente político. Nada más lamentable. Reiteramos por ello el rechazo categórico a las acusaciones, sin ningún sustento, en el sentido de que México trabaja con otros países para afectar al gobierno de Venezuela. Es evidente que con estas falsas acusaciones se intenta crear distracciones en lugar de atender los problemas reales.

Estamos convencidos de que la solución para restaurar el orden democrático debe partir de un proceso de acercamiento político y de la negociación entre venezolanos, iniciando con la reconsideración por parte del Gobierno de la convocatoria a una asamblea nacional constituyente, la cual ha provocado que las diferencias entre las partes se agudicen, tal como lo refleja el resultado de la consulta popular realizada el pasado 16 de julio a convocatoria de la Asamblea Nacional.

Por ello, México reitera su llamado al gobierno del presidente Nicolás Maduro para que  tome en cuenta los resultados de esa consulta y suspenda la convocatoria a la asamblea constituyente. El gobierno de Venezuela y el presidente Maduro tienen la oportunidad histórica de abrir un nuevo camino de reconciliación y paz reconsiderando la convocatoria a la constituyente y creando las condiciones para iniciar un proceso genuino de negociación política entre todos los venezolanos.

Apreciamos como una señal positiva el traslado de Leopoldo López, de Wilmer Azuaje y del periodista Braulio Jatar a sus domicilios. Estos hechos deben ser una oportunidad para acercar a las partes y para que se comprometan a encontrar, a través del diálogo y la negociación genuinos, el camino para resolver la crisis política, económica y humanitaria de Venezuela. Reiteramos sin embargo la necesidad de que todos los presos políticos sean liberados.

Señor presidente,

Todos los Estados aquí representados tenemos la responsabilidad de coadyuvar a la solución del conflicto en Venezuela, con apego al derecho internacional y a los compromisos libremente pactados a favor de la democracia y los derechos humanos, por lo que México continuará participando activamente en la conformación de acuerdos, en un marco de respeto, solidaridad y amistad fraternal con el pueblo venezolano.

Como lo hemos señalado en otras ocasiones, este es un espacio de diálogo y concertación que debemos mantener para ofrecer opciones al pueblo venezolano, utilizando los mecanismos que los propios Estados hemos construido, con el único fin de coadyuvar a encontrar una salida negociada a la difícil situación por la que atraviesa Venezuela y apoyar el pleno restablecimiento de la democracia en ese país. Gracias.

 

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