por Embajador (r) Francisco Correa Villalobos

En el más puro estilo trumpiano, la Estrategia Nacional de Seguridad (ENS) de Estados Unidos abunda en inexactitudes, medias verdades y, de plano, mentiras.

Su agresiva retórica, evidente desde la primera oración, destaca la misma realidad que pretende ocultar: el repliegue del país vecino en la proyección mundial de su poder, la pérdida de liderazgo entre sus aliados, su derrota militar y diplomática en Siria, su autoinfligida derrota sobre Jerusalén, su impotencia militar y diplomática frente a Corea del Norte y China, etcétera. En pocas palabras: su aislamiento.

La ENS es un intento por remediar el malaise (malestar) de la opinión pública estadunidense, cansada de la estéril guerra permanente, que pretende galvanizarla en una paranoia con la fuerza como único remedio y con el designio de revertir lo que no es sino el declive de las estructuras del poder internacional heredadas de la Segunda Guerra Mundial.

La ENS contiene, entre otras, dos importantes cuestiones que tocan a México: la acción directa de Estados Unidos en el combate a las organizaciones delictivas trasnacionales en su mismo origen y la protección de las fronteras.

La criminal decisión de Felipe Calderón de militarizar el combate al narcotráfico implicó desde un principio el involucramiento del gobierno de Estados Unidos en la guerra contra los cárteles. Pero la ENS apunta ahora a acciones directas por efectivos estadunidenses contra las organizaciones criminales transfronterizas, lo que sugiere el empleo de esquemas muy difundidos con los que operan las Fuerzas de Operaciones Especiales en África y Medio Oriente: de manera independiente con uniformes e insignias de los países huéspedes. O por mercenarios.

En este contexto, si bien hasta ahora las autoridades mexicanas no han negado la presencia y operación de efectivos extranjeros en nuestro país y sólo se niegan a detallar sus funciones, con la Ley de Seguridad Interior su presencia y actividades serán absolutamente secretas. Uno debe preguntarse si el apuro para aprobar la referida ley de seguridad no estaba previsto para adelantarse unas horas a la ENS y embonar ambos en un solo proyecto.

Desde hace años, para Washington la protección de sus fronteras incluye la sur de México como propia. Las tropas mexicanas en los límites con Guatemala operan con mando de la Secretaría de la Defensa Nacional, pero con la supervisión del Comando Norte de Estados Unidos, que también la ejerce sobre las fuerzas guatemaltecas en el lado de su frontera. La ENS toma esta realidad como punto de partida para estrechar los tejidos de las redes e impedir el paso de quienes, por color o creencia, Estados Unidos los percibe como amenaza, sean de África, o de las minúsculas minorías musulmanas de Belice, Trinidad y Tobago o Guyana.

La ENS confirma que la nueva normalidad en las relaciones con Estados Unidos son las amenazas contra la soberanía nacional. Todos los mexicanos debemos estar conscientes de que, en la inmensa lista de problemas que conforman la crisis de México, hay que subir de rango los que surgen de nuestra relación con el vecino del norte.

Publicado en La Jornada, 20 de diciembre de 2017

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