Carta enviada al periódico La Jornada el 29 de junio de 2020, publicada el 3 de julio de 2020

Unos días antes de la visita que realizó el presidente José López Portillo a Washington en 1981, el entonces embajador de México en Estados Unidos, Hugo B. Margáin, me comentó que, en esas visitas, no se discutía nada que no pudiera resolverse por los canales diplomáticos y que su relevancia se limitaba al medio político interno.

Resuelto el tema de las caravanas de migrantes, el muro de Trump perdió visibilidad política y, aunque su construcción avanza muy lentamente pergeñando recursos de partidas para otros fines, Trump no da muestras de cifrar su relección en este tema o en otros que expongan su xenofobia y anti mexicanismo. Biden aventaja a Trump en el apoyo de la comunidad latina con 57% contra 33% pro Trump, según una encuesta de NBC/WSJ este mes.

No hay pues cuestiones de magnitud tal que no puedan resolverse por los medios diplomáticos y que requieran de manera ineludible la intervención de los jefes de Estado de México y Estados Unidos.

Sin embargo, existe el riesgo de efectos colaterales indeseables de una eventual entrevista entre Amlo y Trump.

El exsecretario de Relaciones Exteriores y Embajador Emérito Bernardo Sepúlveda diseccionó en una memorable carta a Marcelo Ebrard, los inconvenientes para el interés nacional que tendrá la próxima visita del presidente López Obrador a Estados Unidos.

A diferencia de otras iniciativas del presidente, ésta no ha provocado en las redes sociales el usual alud de apoyos de sus simpatizantes, quienes han guardado un silencio que deja ver la arraigada desconfianza popular en las entrevistas cumbre entre nuestros dos países.

Ciertamente existe una inescapable realidad político-estratégica que ata a México y Estados Unidos, pero el viaje, innecesario e inoportuno, no puede desvincularse del interés político del Secretario de Relaciones Exteriores.  López Obrador parece muy confiado en que puede arriesgar algo del enorme capital político que ha acumulado en estos 18 meses de gestión. Pero éste, es un error.

Francisco Correa Villalobos, Embajador de México de carrera en retiro